25 octubre, 2006

Entregas I.II

- ¡Pinche lluvia! Me carga... a hüevo me tiene que tocar a mí cuando ésta madre se descompone. -- Así reclamaba Toño a la suerte. Llevaba apenas dos horas dando vueltas en el taxi y con las primeras gotas de lluvia, el golf pintado de blanco y rojo decidía detenerse casi por capricho.

Toño tenía apenas un par de meses de haber perdido su trabajo en una compañía de producción televisiva y no había encontrado otra opción que aceptar el ofrecimiento de su hermano de manejar uno de los taxis de los que era dueño por las noches y así ganar por lo menos lo suficiente para pagar sus cuentas mientras encontraba un mejor trabajo.

- ¡Pinche lluvia! - repetía Toño mientras golpeaba el volante del carro. Finalmente, ante la evidencia de que sentado dentro de él no lograría arreglar nada, levantó el seguro de la portezuela y la abrió despacio buscando cuidadosamente el mejor lugar para pisar el pavimento y evitar mojarse.

Bajó del auto y se dirigió al cofre para intentar encontrar la falla. En su mente sabía que al abrir el capó del auto no tendría idea de lo que vería debajo, pero supuso que moviendo un cable aquí y otro allá algo pasaría y, finalmente, prefería aparentar saber a quedarse sentado perdiendo el tiempo hasta que alguien llegara a ayudarlo.

Como lo había imaginado, no entendía nada. Una especie de caja negra al centro, cables aquí y allá y lo que reconoció como el acumulador no le decían absolutamente nada. En el fondo, tenía el iluso deseo de levantar el cofre y encontrar un letrerito luminoso con una flecha diciendo "aquí está el problema, baboso". No hubo letrerito, así que se quedó observando esa maravilla de la tecnología con una mano arriba y la otra moviendo cables tímidamente esperando una chispa o algo que le diera la esperanza de subir al auto, dar vuelta a la llave y escuchar el motor encendiendo.

"Le voy a hablar a éste cabrón para que sepa que sus choferes nomás se chingan sus carros.... no, de seguro me va a echar la culpa a mí... mejor le hablo a algún mecánico y ni pedo, hoy no ganaré ni madre...."

Su concentración fué de pronto interrumpida por el sonido de su teléfono celular. Metió la manos al bolsillo del pantalón y alcanzó el móvil. Era su hermano que, como invocado, le llamaba desde su propio celular.

- ¡Brother! ¡Qué bueno que hablas!, ¡Estaba a punto de marcarte!
- ¿Donde estás?
- ¡Tirado aquí en la calle güey! ¡Tus pinches choferes son una mierda Juan Luis, no mames! Pinche carro éste nomás se mojó tantito y me dejó tirado. No puede ser brother...
- ¿¡Dónde estás güey!? ¡Contéstame! -replicó Juan Luis evidentemente molesto.
- Güey, tampoco te enojes ca'... no es mi culpa... déjame ver que calle es ésta... pérame... -Toño buscaba la nomenclatura de la avenida por la circulaba y no la alcanzaba a ver, así que comenzó a dar pasos hacia la esquina para aclarar su vista. Pensaba que su hermano llendo a ayuddarlo no sería la mejor idea. Por como se escuchaba en el teléfono, estaba de muy mal humor. Pero de lo normal. -Oye brother, pero no te preocupes, no es necesario que vengas. Yo ahorita le llamo a un mecánico y...
- ¡Me vale madres el carro pendejo! ¡Necesito ir por tí!

Toño ya no estaba para soportar los gritos de su hermano otra vez

- ¡Oye cabrón! ¡Bájale a tu pedo maestro! Como sea, ¡yo me las arreglo y te llevo tu pinche coche cabrón.

Colgó el teléfono y regresó al taxi. Cerró el cofre de un golpe, abrió la puerta y se subió a intentar encender el carro frenéticamente sin éxito.

Sonó de nuevo su celular. Era Juan Luis otra vez.

- ¿¡Qué quieres cabrón¡? Ya te dije que ahorita me las arreglo.
- Toño. Escúchame. El carro vale madres. Hace un rato llegué a mi departamente. Tenía un mensaje en la contestadora. ¿Recuerdas el nombre de Aurora?

Toño por poco deja caer el teléfono de su mano. Palideció. Sintió como su corazón perdió ritmo y se aceleró súbitamente.

- Toño... Toño... ¿Me escuchas? Aurora llamó Toño. No es un cuento. En su mensaje, dió todos los detalles. Aurora existe Toño, es real... o por lo menos, suena real. Necesito verte, recuerda que ésto lo tenemos que hacer juntos.

Toño seguía sin articular palabra. Sabía que lo que escuchaba no podía ser bueno. De pronto lo invadió el terror a lo que venía. Nunca creyó que Aurora existiera y hoy, a pesar de la llamada de Juan Luis, albergaba la esperanza de que todo fuera una broma muy pesada. Una broma de alguien que tenía información que sólo conocían Juan Luis, Toño y su padre muerto.

- Dime dónde estás Toño que voy por tí,

En voz baja y como esperando que su hermano no lo escuchara, Toño contestó parado ya frente a la nomenclatura del cruce de las calles Alepecio y Cristales.

- Alepecio y Cristales aquí, en el Barrio del Carrizo.
- Creo que sé donde es eso hermanito, ya voy para allá. No te preocupes, que todo va a estar bien -Dijo Juan Luis intentando darle calma a su hermano menor aunque el sabía bien que no todo iba a estar bien. De hecho, muy poco iba a quedar bien.

Juan Luis finalmente vió la tímida luz de una señal de "Libre" en un auto que se acercaba. Levantó el dedo índice, el taxi paró junto a él, subió, saludó al taxista y le pidió lo llevara a su primer parada de la noche.

- Alepecio y Cristales en el Barrio del Carrizo, por favor.
- Claro señor, con gusto.

10 octubre, 2006

Entregas

Callado, serio y de rostro duro. Cualquiera puede pensar que pasa el día enojado y que hasta lo disfruta.

En realidad, es todo lo contrario. Está convencido de que las cosas sólo se pueden disfrutar cuando se les observa. El ruido de las palabras, para Juan Luis, es un estorbo y la forma más estúpida que tiene el ser humano para llevar a la catástrofe lo que cae en sus bocas.

Cansado, hace un par de semanas Juan Luis por fin pudo entrar a su departamento y respirar el aire de su espacio. Ese en el que la única voz que se escucha es la suya y en el que el único ruido es el de su teclado y le parece más bien agradable. Encuentra relajante el sonido de cada tecla siempre que tengan una secuencia rítmica. Así lo hace. Mientras escribe y echa a volar sus ideas, le gusta emular ritmos de canciones que le gustan o simplemente crear un patrón musical desde sus dedos.

Esa noche tuvo sus sobresaltos.

Su máquina contestadora ha estado inerte en la mesa de su sala desde hace casi más de un año. Había recibido hasta ese día 2 mensajes. Uno, para ofrecerle una inmensa línea de crédito y el segundo de se oficina el día que decidió no ir a trabajar sólo por el gusto de tomar un día para él, su silencio y sus ritmos mecánicos.

Al cerrar la puerta de su departamento, se acercó a tomar el teléfono para acercarlo a la computadora y vió la luz roja intermitente que le indicaba que no sólo tenía un mensaje, sino dos.

En cuanto terminó de escuchar ambos mensajes, su rostro duro de pronto se suavizó en la palidez de una noticia de esas que cambian la vida de cualquiera.

Se talló los ojos como esperando que todo fuera un sueño. Cuando se constató de que todo era bastante real, se puso de pié, tomo una maleta pequeña y empacó un par de cambios de ropa, su computadora portátil, una llave que parecía de un ropero viejo y que sacó de abajo de una torre de ropa doblada en un cajón; un documento que acompañaba a la llave, un cargador de teléfono celular y un par de zapatos.

En un pedazo de papel apuntó los números que recuperó del identificador de llamadas y en menos de diez minutos estaba de nuevo fuera del departamento.

No podía dejar de repasar palabra por palabra ambos mensajes. Sabía muy bien que su vida había tomado una vuelta que el no quería tomar.

Manifiesto

No deja de rondar en mi cabeza una frase de Vaclav Havel (gran presidente checoslovaco) que habla del miedo que da estar arriba (una altura sumamente relativa) y tener la sospecha siempre presente de no merecerlo.

Hoy, estoy realizando varios sueños al mismo tiempo y eso me aterra. Me quita el sueño pensar en que, efectivamente, no lo merezco. De pronto esa frase "demasiado bueno para ser cierto" cobra muchísimo sentido.

El miedo no me detiene a dar pasos hacia adelante y a tomar decisiones que hagan de mis sueños aún más intensos. Pero el miedo me recuerda que existe la latente y gran posibilidad de que esté sentado en una silla que no me corresponde. Es temporal y es prestada.

Que sirva mi miedo y éste registro para no olvidar que cuando deje ése espacio físico, mi mayor satisfacción será dejar un viento cálido en el espacio espiritual de cada uno de los seres humanos que me honran con su entrega todos los días.

03 octubre, 2006

Reencuentro

No sé a quien me voy a encontrar cuando te vea. Sé a quien dejé pero no se a quien encontraré. Tengo imágenes muy claras en mi cabeza de quien eres (o eras) pero no hay idea de lo que hoy veré.

Se, por ejemplo, que tienes un espíritu implacable y que eres capáz de cambiarle el rumbo a un planeta para lograr tus sueños. Sé también que te inunda una inmensa compasión humana que te engrandece. Sé que convidas de tu paz y tu alegría a quienes te rodean.

Sé también que fuiste inspiración, guía y compañera hasta la muerte. Se que ningún ejercicio musical funciona tan bien como lo hacía contigo, que ningún escenario ni ningun reflector es tan grande como cuando es compartido contigo.

Sé que eres mi referencia histórica personal preferida y recurrente. Sé que extraño esos días y que cada vez que sé de tus éxitos me lleno de la alegría más genuina y humana que he sentido.

Sé que muero por sentarme contigo a compartir tiempos, historias y pasajes. Sé que muero del terror de no encontrate o no encontrarme de nuevo contigo como antes.

Sé que hoy eres diferente. Que has crecido tanto como yo y que las cosas pueden ser muy distintas. Sé perfectamente que ese café puede quedar en la anécdota y no volver a suceder pero sé, por sobre todo, que voy a sonreír como pocas veces en mi vida. De hecho, ya lo estoy haciendo.

Sonrío.

11 julio, 2006

La consecuencia de tu sonrisa

Hoy, estoy consumiendome en el miedo. Me doy miedo. Me das miedo.

Alimento una ilusión que reconozco como tal y como una esperanza de realidad que me regocija.

Me has llevado de regreso a mi infancia; con mariposas en el estómago y todo. Te estás convirtiendo mi sueño, en mi deseo, en mi anhelo.

No atino a hacer otra cosa que cerrar los ojos y reconstruirte. Visito otra vez tus ojos, tu sonrisa encantadoramente infantil, tu expresiones de tristeza, de coraje, de alegría. Visito de nuevo tus abrazos; fuertes, cariñosos. Esos abrazos en los que quisiera sorprender con un beso y terminar con la incertidumbre.

Me gusta. Me gusta sentir todo ésto otra vez. Me gusta sentir que no sé a donde voy; me gusta emocionarme de pronto y dudar al minuto siguiente. Me gusta leer mensajes ocultos, interpretar tus palabras, tus gestos, tus ideas para terminar en que en realidad, poco es real y mucho es esperanza.

Me gusta conquistarte. Me gusta venderte mis cualidades y confesarte mis defectos en voz bajita. Me gusta retar a mi mente para atinar cual será el mejor detalle para ganarme otro pedacito minúsculo de tu corazón. Me gusta sucumbir a esa parte animal que hace que se me inflame el pecho y se eleve mi barbilla cuando camino junto a tí.

Me da miedo, me aterra el resultado en el que mi ilusión quede en la anécdota, en el que mi corazón se encoja de nuevo y, por sólo un momento, me arrebate el aire que tengo para respirar.

Me emociona como a un chiquito, en cambio, aquel en el que puedo tener el tiempo y el espacio para inventar un motivo diario para hacerte sonreír; en el que puedo cuidarte y hacer lo posible porque nada malo te pase, en el que puedo ser testigo de tu vida y en el que puedes atestiguar la mía.

No tengo idea, no me das idea. Pero mi día, está constantemente dedicado a una esperanza que lleva tu nombre y que sabe a tí.

Va una canción, va un sueño, va mi corazón empeñado en mi sola intención de ser el responsable de tus sonrisas.

Héctor Valladares

Este fué mi segundo ejercicio de ficción. Poco elegante, pero intentona vale. Buen recuerdo y va:

Doña Elsa no podía creer que no pudiera ubicar a este muchacho en algún árbol genealógico. Juan Carlos Valladares. Según él, hermosillense de siempre y de familia hermosillense. Pero, ¿Valladares? pensaba ella. No lo había escuchado en tantos y tantos años de servir menudo, cabeza, pollo, café, pozole y otros gustos puramente sonorenses a todas las familias verdaderamente hermosillenses en el Mercado Municipal No. 1.

Juan Carlos había llegado esa mañana después de una noche de parranda no planeada que lo orilló a mantenerse despierto el tiempo restante de la noche por miedo a no levantarse a tiempo el día siguiente para ir al trabajo. La idea de mantenerse tanto tiempo sin pegar pestaña le emocionaba más de lo que le cansaba. Antes de entrar al lugar intercambió 8 pesos por un periódico a un papelerito que al parecer hacía negocio redondo. Parecía requisito traer un periódico bajo el brazo para entrar al ancestral recinto. Inmediatamente notó y se fascinó en la multitud de sombreros y cabezas blancas que poblaban las barras de azulejo de los cuatro establecimientos. Hermosillenses de verdad tradicionales que no se habían ido tras el canto de las sirenas de los cafés sofisticados y modernos que se habían instalado por montones en la ciudad los últimos diez años. Ahí convivían a diario ricos y pobres pero todos hermosillenses. Eran ya cómplices y hasta familia.

Se sentó a un lado de un grupo de hombres de mediana edad y fué cuando inició la charla con Doña Elsa mientras devoraba un plato topado de caldo de cabeza y carne.

- A ver, a ver muchacho: ¿Quién es tu papá? -preguntó Doña Elsa convencida de que encontraría alguna relación de su familia.

- Héctor Valladares -contestó Juan Carlos casi retando a la señora que le daba casi ternura al verla en su aparente frustración.

- Valladareees, Valladareees... ¿Para donde viven ustedes?

- Villa de Seris

- Héctor Valladares... de Villa de Seris... -Doña Elsa se esforzaba en hacer memoria. Comenzaba a asustarse. Era la primera vez que no ubicaba a alguno de sus comensales. Juan Carlos, que ya encontraba aquello divertido, decidió ayudarle.

- Bueno, mi papá nunca vivió con nosotros. Yo nunca lo conocí.

Doña Elsa sintió como se le caía el semblante. Pensó que debía dejar de hacer eso; siempre terminaba siendo imprudente y metiéndose en lo que no le importaba. No soportaba la vergüenza.

- Ay hijo, ¡perdóname! Eso me pasa por metiche, ¿verdad? -Dijo para tratar de cortar la tensión.

- No se preocupe Doña Elsa -respondió Juan Carlos en un tono de compasión y sonriendo. - Nunca lo conocí y no crea que me preocupa mucho. Pero mire, le tengo una buena noticia: el apellido de mi mamá es Mendívil.

A Doña Elsa le brillaron los ojos y se reincorporó inmediatamente.

- ¡Mendívil! ¡De Villa de Seris! ¡Clarooo! Entonces tu tienes que ser algo de Doña Chayito Mendívil, ¿verdad?

- Es mi abuela -respondió Juan Carlos dándole por fin su triunfo a Doña Elsa.

La plática eventualmente pasó de los árboles genealógicos a trabajo, clima y cocina. Juan Carlos terminó su desayuno, fué agasajado con una taza de café recién colado, Doña Elsa regresó a sus obligaciones y finalmente abrió el periódico que había tenido a su lado en todo momento y se dispuso a leer, fascinado con el lugar, la gente, los personajes que atisbaba desde atrás de su barra. Le encantaba estar ahí sentado y percibir cómo el grupo de lado hablaba en voz baja, el taquero de enfrente afilaba los cuchillos, los viejos de la esquina reían de chistes malos que escucharon de sus nietos y uno que otro teporocho pedía a gritos un café para curarse la cruda.

Finalmente se concentró en el diario y se impresionó con la noticia de un hombre de 86 años que había muerto arrollado por un camión. Por alguna razón, siempre había sido muy sensible hacia ese tipo de sucesos. Cuando leía el reporte del Ministerio Público, su concentración fué interrumpida por una voz masculina que repetía su nombre: Juan Carlos.

Él volteó hacia un lado, de donde venía su nombre y vió a un hombre que -reconoció- había estado sentado antes en el otro extremo de la barra con el grupo que hablaba bajito.

- Buenos días -contestó extrañado por el súbito abordaje de este tipo de jeans y camisa a cuadros que le parecía hasta un poco desagradable.

- Perdón que te interrumpa, pero no pude evitar escuchar tu plática con Doña Elsa.

- Ajá -contestó Juan como esperando mas información

- Y... bueno, la verdad que está medio canijo explicarte esto, pero pos tengo que platicarte. -Decía eso mientras sus manos no encontraban acomodo. Ya en el bolsillo frontal del jeans que vestía y pronto en el bolsillo trasero; de pronto entrelazadas o en posición de descanso; pronto en la barra y pronto fuera de ella. -La cosa es que, pues...

Juan Carlos lo interrumpió molesto. Este tipo que ni conocía de pronto se acerca, sabe su nombre, había escuchado una conversación que no era para él y ahora quería platicarle quien sabe que cosa. No le gustaba y de hecho le molestaba y lo distraía de cosas importantes que pasaban en ese momento en el periódico y en otros lugares del Mercado. Le gustaba mucho observar personajes o inventarlos, pero la interacción le parecía innecesaria.

- Primero, ¿Qué le parece si me va diciendo su nombre aunque sea?

El tipo se quedó mudo. Volteó tímidamente a ver a sus compañeros de café, quienes observaban la acción inquietantemente atentos, y regresó su mirada a Juan Carlos que se mantenía en la interrogación más extraña que había experimentado en mucho tiempo.

- Sí, claro -contestó el hombre -Héctor Valladares, mucho gusto. -Extendió su mano y la ofreció a Juan Carlos quien tuvo que volver a escuchar ese nombre en su mente varias veces. Se le nubló la vista, su cara se quedó estática y no respondía a las órdenes de su cerebro de cerrar la boca. Sintió de pronto odio, rencor e ira. Quiso madrearse al tipejo ese que, con esos huevotes venía y le decía desenfadado que era su Papá. Después de 27 años.

El estado de enojo y parálisis facial duró apenas unos segundos aunque le parecieron horas. Después, prefirió el lado positivo del asunto y pensó entonces en el pretexto que iba a inventar en su oficina para no presentarse y dedicar la mañana a platicar con su Padre. Quería saber todo. ¿Porqué se fué?, ¿Donde vive?, ¿A que se dedica?, ¿De donde viene su sangre?, ¿Porqué se fué?, ¿Porqué se fué y lo dejó buscando figuras paternas en cualquier cosa?, ¿¡Porque se fué, chingados!?

Juan Carlos entonces sintió que su cuerpo por fin respondía y logró extender su mano para regresar el saludo a... si, a su papá. Estrechó la mano de Héctor Valladares y casi deja salir su emoción con un abrazo pero logró controlarse.

Una carcajada ahogada por unos labios apretados y una mano se dejó escuchar desde la barra. Juan Carlos pensó en las ganas que le daban de golpear a quien quiera que haya sido por la falta de conciencia.

Dos, tres, diez carcajadas mas se abrieron descaradas e inundaron el lugar. Juan Carlos ahora sí se estaba encabronando. No estaba en condiciones de tratar con gente como esa, con tan poca madre.

Héctor Valladares también reventó en risa. Tanto que tenía que encorvarse una y otra vez.

Juan Carlos no entendía nada, o se negaba a entender hasta que vió a su papá acercarse rápido, ríendo al grado de la asfixia y con una fuerte palmada en la espalda le confesó la verdad.

- ¡Es una broma muchacho!, ¡No se me asustee!, ¡Siempre le hacemos bromas a los chavalos! -El resto de los parroquianos se unieron al hilarante festejo en ese momento.

A donde volteaba, Juan sólo veía y escuchaba risa. Sintió inmediatamente el calor en la cara y todas sus inseguridades volvieron de la infancia y se apoderaron de él. Rapidamente sacó un billete de cien pesos de su bolsillo y lo aventó a la barra sin importarle que su consumo había sido apenas de 42.

- ¡Nombre!, ¡no te vayas que nosotros te invitamos el desayuno! -le dijo el autor de la broma jalándolo del brazo.

Juan estaba realmente encabronado y finalmente profundamente triste. Veía los sombreros agitándose de arriba a abajo por todo el lugar respondiendo al ritmo de la risa descarada de sus respectivos dueños.

Tomó su periódico, volteó a ver a "Héctor Valladares" y no atinó a hacer otra cosa que gritar desde la base de sus pulmones: -¡Vete a la chingada, hijo de tu puta madre!

Dió la media vuelta y salió rápido del lugar. Atrás quedaban las risas, que seguían festejando el cruel ingenio del bromista. Los pasos de Juan Carlos cada vez más firmes. Héctor Valladares, otra vez, cada vez más falso.

26 mayo, 2006

Honor

Si, estoy dispuesto a todo.

Estaré listo cuando tengas el fin más utilitario para mis palabras, mi presencia y mi confort.
Estaré listo cuando decidas que has visto mucho de mí y prefieres descansar un par de meses de mi compañía.
Estaré listo siempre que requieras compañía, alcahuete y saco para golpear.
Estaré listo cuando sólo quieras saber como la he pasado.
Lo estaré también cuando requieras un aventón, unos pesos o una sombrilla.
Estaré listo, juro que lo estaré, cuando sólo quieras pasar una tarde conmigo, compartiendo el humor más negro que nos ocurre en la cabeza.
Estaré listo para todo lo que pidas porque te he entregado mi amistad sin reservas, a costa de todo y a condición de nadie; de tu boca salió también la entrega, pero nunca estuve listo para ver tu espalda inmensa, asfixiante y dolorosa.

Supongo que no todo el mundo entiende la amistad en su sagrada dimensión. Supongo que de los dos, sólo yo la quise convertir en una de verdad. Supongo que nunca debí confiar en tí. Como siempre, asumí que en tu supuesta amistad podía depositar mi alma, mi corazón, mis arranques y mis tiempos de irresponsabilidad catártica.

Me demostraste lo contrario. Me demostraste que no concibes la amistad como un lugar de confesiones, de arranques y de llantos privados, que existen en la presencia de ambos y se desintegran con la partida de uno. Que no tienen uso, ni fin, ni repetición. Que no tienen destinatario ni aplicación.

Me dejaste con la guardia baja, boquiabierto. Esperaba golpes de todas partes, menos de tu flanco porque tenía la inocente certeza de que lo tenías cubierto como yo tenía el tuyo.

No pasa nada. Es una amistad de un sólo lado, lo entiendo. Estaré listo, no te quepa duda, cuando requieras una gran actuación. Estaré listo para guardar tus secretos y los sórdidos deseos que guardas tan celosamente. Estaré listo para que no me los cuentes por miedo a que tome venganza.

Estaré listo para no hacerlo. No lo quiero, ni lo pienso, porque sigo creyendo que aquello que de tí salga en nuestro tiempo, ha de honrarse en el silencio del que escucha.

Mi entrega sigue intacta.

18 mayo, 2006

Verdad.

Tengo un lado de la cara quemado por tu luz.
El otro castigado por tu olvido.
Finalmente pude tirarme en la arena después de intentar seguirte el paso.

Que corra la brisa y me alivie.
Que calme la arena su tempestad y me conforte.
Que caiga la noche y me arrope.
Que mi espíritu se pierda y mi mente descanse.

Que tus pasos sigan de largo.
Que me olvides, que me dejes justo donde estoy.
Yo encontraré el camino de regreso
o a otro lugar.

Que si decides regresar por mí
y animarme a seguir la carrera,
no encuentras más que la huella
de mi cuerpo que estuvo tendido en ése lugar.

Que tu nombre se desvanezca en el olvido,
que tu rostro se desfigure en el rencor de un momento.
Que no quede un recuerdo, una intención, un pensamiento.
Que no quede nada que me diga que mi cansancio fué por tí,
por alcanzar tu tiempo, tu amor y tu desprecio.

Intenciones.

Van intenciones en mi movimiento, en tu palabra y en mi gesto. Intenciones escondidas que no has de mostrar aunque se te quiebre el alma. Van las mías transparentes y cobardes a la vez.

Hoy, las mías son claras y contundentes. Intento vencerte y estoy por lograrlo. Intento sacarte por completo del vacío y quedarme con el vacío mismo, confortable. Intento recuperar mi vida y mi sosiego. Intento hoy, por fin, sacarte de mi vida.

Intenciones que encontraste, falsas y construidas por tu propia intención de no encontrar la verdad y justificarte en una mentira que puede pasar por verdad, me han llevado a intentar dejar de sufrir. Hoy, mi intención es olvidarte.

Es la intención mas dolorosa que he intentado nunca, pero la única a la que dejas lugar. Intento no hacerlo, intento no decirlo, pero es imposible navegar en aguas que intentan hundirme con intención o sin ella.

Va pues mi intención. Ésta si es verdadera, no la malentiendas, no la construyas, no la interpretes. Hoy, mi intención es dejar de quererte, dejar de soñarte, dejar de seguirte y adorarte. Hoy, mi intención es borrarte.

27 febrero, 2006

Como cada Lunes.

Como cada Lunes, hiciste crujir mi alma de dolor. Ya era como una costumbre.

Todas las parejas tienen rutinas. Algunas pasan el viernes por la noche disfrutando de los últimos estrenos de su videoclub mas cercano; otras prefieren cena en el mismo lugar y con la misma gente mientras otras tal vez optan por una reunión con los amigos hasta que el cuerpo aguante.

Así, tu y yo teníamos nuestra rutina. Cada Lunes, sin falta, habrías de darme las razones por las que no puedes estar conmigo. Cada Lunes, me dirías cuanto me quieres y lo compleja que resulta tu situación que impide que estemos juntos. Cada Lunes, harías crujir mi corazón hasta doblarme del dolor.

Hoy pues, como cada Lunes, no podía faltar nuestra tradición y así pasó. Había rezado todo el fin de semana porque no pasara, por quitarle esa rutina a lo nuestro, pero fueron oraciones muy ingenuas, muy poco eferctivas.

Hoy, otra vez, como cada Lunes, escribo a la nada esperando dejar en el teclado el vacío, el dolor, esto que me hace sentir que no pertenezco a ningún lado ni a nadie. Intento dejarte aquí letra por letra, teclazo a teclazo y resulta francamente imposible.

Hoy, como cada Lunes, regresaré a mi departamento vacío a llorarte y a reclamar al aire porqué no puedo estar contigo. Voy a repasar cada segundo que pasé contigo, cada sonrisa que me regalaste, cada caricia y cada conversación; cada sueño y cada esperanza. Voy a torturarme con tu recuerdo hasta caer rendido ante el cansancio y la zozobra; soñaré contigo y mañana me despertaré con un vacío aún mayor.

Sin embargo hoy, a diferencia de cada Lunes, entiendo algo que siempre supe y me negaba a aceptar. Me ha quedado claro que no importa cuanto haga, cuanto luche y cuanto sufra. No importa cuanto sueñe, cuanto anhele y cuanto espere. No importa cuanto te quiera, cuanto te consienta, cuanto te cuide y cuanto te prometa. No importa pues, finalmente tomarás la decisión que tienes de frente, en las manos y caliente, sin poder soltarla ni ignorarla. Tomarás siempre tu decisión.

No puedo. No puedo ver pasar los minutos sabiendo que es el inicio del tiempo sin tí. No puedo mover mi cuerpo sabiendo que no me va a llevar hacia tí. No puedo, no puedo, no puedo, no puedo!!! No puedo estar, mi niña, sin tí.

Hoy, como cada Lunes, hago una plegaria. Pero hoy es diferente. Mi corazón ya está entumido, mis lagrimas ya queman y mi mente me pregunta como pasar el tiempo que solía utilizar en enamorarse de tí. Hoy mi plegaria se ha convertido en la de todo el mundo. Ya no me queda creatividad. Mi única plegaria a Dios es que se haga su voluntad. Ahora sí, que sea la voluntad de alguien más y no la mía. Mi voluntad ya duele demasiado, mi voluntad se ha vuelto contra mí.

Que se haga su voluntad y no la mía. Que se haga finalmente tu voluntad, porque yo, ya no tengo.

Como cada Lunes, me duele. Es nuestra rutina. Lo que más duele es que tanto es el dolor que necesito un abrazo que me conforte, necesito alguien que me diga que todo va a estar bien, necesito alguien que me haga sentir cálido y protegido. Necesito un hombro, un par de brazos y un corazón extra. Como cada Lunes, la única en ésta maldita ciudad que tiene esa capacidad eres tú y tu eres lo que no tengo.

Como cada Lunes, te quiero más que nunca. Como cada Lunes, te extraño con el alma. Como cada Lunes, te he perdido.

Secretamente, cada Lunes, mi esperanza sigue en pié. El sueño de regalarte mi vida sigue vivo y el recuerdo que guardan mis manos de tu rostro es mi aliento.

Cada Lunes, pienso que mañana serña otro día. Es peor, será otro día sin tí y con demasiado de mi mismo.

20 febrero, 2006

Carta a un tipo afortunado.

Amigo, no te conozco pero no puedo dejar de hablarte. No puedo resistir este impulso que me hace envidiar hasta el último resabio de lo que eres y de tu existencia.

No lo sabes, pero ella te escogió a tí. Pudo haberme agraciado, pero tus manipulaciones y tus hábiles formas de dejarla sin opciones te dieron resultado.

Apenas ésta mañana me lo dijo. No puede, no quiere, le aterra terminar lo que queda entre ustedes y prefiere esperar a que el tiempo y las sobras acaben con todo. Es tu destino, si no haces nada por cambiarlo.

Hace apenas unos días ella era el reflejo de la felicidad. Estaba ilusionada, esperanzada, emocionada con la idea de construir una vida conmigo y, por fin, lejos de tí, de la fuente de toda su tristeza. Pero tenías que ejercer tu poder, tu juego sucio y amarrarla a tí.

No te conozco y sin embargo te detesto. Eres la fuente de toda mi tristeza, de todo mi enojo y mi rabia. Aún así, daría lo que fuera por lo menos por ser tú. Daría lo que fuera por tener lo que tienes y cuidarlo de verdad, no como tu.

Puta!, quisiera tenerte aquí y poder decirte esto frente a frente. Decirte lo afortunado que eres y lo desgraciado y miserable que me ha hecho sentir tu pretendida felicidad. Te envidio con todas mis fuerzas, te odio con toda mi alma. Tienes lo único que me puede hacer feliz y tienes a tu lado a quien no quiere estar contigo. Lo sabes y no te importa, la amarras, la presionas, la ahogas y la comprometes.

No todo es culpa tuya. Sus miedos no la dejan y eso te hace afortunado. Sólo eso.

No tienes idea de como la quiero. Más de lo que nunca he querido.

Si te has de quedar a su lado, déjame entonces brindarte algunos consejos. Te los comparto, porque quiero la felicidad de ella, no la tuya.

- Le fascinan los chocolates y las flores. Si te disciplinas, puedes enviarle estos tal vez cada quince días. La hacen sonreír como nunca la has visto. Inténtalo.

- Sorpréndela. Si vas de compras, acuérdate de ella. Cómprale cualquier cosa, cualquier detalle.

- Acariciala. Le encantan las caricias. Acariciala como si estuviera a punto de irse de tu lado, acaricia su cara, sus mejillas, sus ojos, sus- orejas. Pega tu frente a la de ella y vela a los ojos mientras lo haces. Después de las caricias, dile cuanto la quieres y dale el beso más tierno que le has dado nunca. Hazlo seguido, te lo va a agradecer con el doble.

- Escápate con ella. No le gustan los planes demasiado estructurados. Escápate con ella y dale todo lo que no le das en la cotidianeidad. Sé travieso, sorpréndela y hazla emocionarse como nunca.

- No seas ordinario. Nunca lo seas. Ella es una mujer maravillosa, fuera de serie y lo peor que pue tener a su lado es a alguien ordinario, común y corriente, sin iniciativas ni ideas.

- Finalmente, si realmente quieres su felicidad, déjala. Toma la decisión y comunícasela. Dile que no puedes estar con ella, que no eres el hombre que necesita. Dile cómo te has dado cuenta de lo triste que está cuando está contigo y que esa relación no tiene futuro. Va a sufrir, va a llorar, pero no flaquees, déjala ahí que pronto se le pasará. De verdad te lo digo, ella quiere estar en otro lado, con alguien más. Deja que persiga sus deseos. Así va a ser realmente feliz.

Insisto, no te conozco y tal vez soy un entrometido, pero a final de cuentas, tu sabes que su relación ya no funciona. Estás lastimando tu dignidad y tu valor como ser humano. Busca mejor a ese alguien que sí quiera estar contigo bajo tus condiciones y tus límites. Es tu decisión.

Al final de cuentas, esto es un ruego a tí. Tienes en tus manos mi corazón, mi alma y mi futuro. Te ruego que me dejes vivirlo, que me dejes amarlo. A tí te envidio y te ruego: Déjame darle lo que tu tanto repites no puedes darle. ¿No quieres tambien su felicidad?.

Reclamo al universo sin ella.

Que todo va a estar bien, dicen quienes futilmente intentan mejorar mi estado de ánimo.
Que finalmente todo se acomoda para nuestro propio beneficio y que algo aprenderé de éste sufrimiento.

¿No caen en la cuenta de lo absurdo de su dicho? ¿No logran leer en mis lágrimas mi urgencia por seguirla queriendo? ¿No se dan cuenta, chingados, que ella es todo y lo único que quiero? ¿No pueden simplemente darme un plan eficaz y puntual, paso por paso, para poder recuperarla?

Me trato de convencer a mí mismo de la voluntad divina, su conocimiento absoluto y su bondad infinita pero no puedo. No puedo abandonarme a cualquier voluntad que no incluya tenerla a ella de nuevo conmigo.

Necesito a quien mentarle la madre. Necesito un culpable de mi sufrimiento. Necesito un escape, una cuerdam una escalera. Algo que me saque de este pozo mohoso y húmedo de la decepción por la vida y sus puntadas. Es un grito de auxilio, es un grito de desesperación.

Esto es sólo el reflejo de mi alma destrozada y mi enojo contra el universo. Que chingue a su madre lo que sea, quien sea que cree que ésto es una experiencia de vida y que alguna lección aprenderá mi corazón.

No me interesan las lecciones, no me interesa aprender. Quiero abrazarla, besarla y llenarla de felicidad. Chingue a su madre el mundo, sólo con ella existe y sin ella, poco es.

13 febrero, 2006

Mi respuesta.

De verdad estoy encabronado, contrariado, enmuinado. En medio de la confusión emocional que domina mi mente y mi corazón desde hace días, un buen amigo envía un correo electrónico para invitarnos a un retiro espiritual. Eso no tiene nada de reprensible, al contrario, se agradece la intención de "encaminarnos" por la buena senda.

Lo que si me sacó de mis casillas fué el argumento del cierre de dicha comunicación electrónica que, palabras más palabras menos, se asombraba y se indignaba diciendo: Cómo es posible que haya quien haga filas de horas o días para conseguir un boleto de U2 y no seamos capaces de dedicarle a JESÚS un fin de semana al año?? A el que TODO nos da? y remata diciendo: JESUS te espera con los brazos abiertos... Cual va a ser tu respuesta?.

Así que he aquí mi respuesta al auditorio: Me parece ocioso, prolijo y sumamente incongruente asistir a un retiro espiritual para lograr un impulso de amor cristiano un par de días y después tirarlo a la basura ante la imposibilidad y el absurdo de ir por la vida gritando a judíos, mahometanos y cualquier humano que encontremos en la diversidad ¡Cristo te ama hermano! como si eso nos ganara el reino de los cielos.

No sólo creo, sino estoy seguro que el mejor retiro y la mejor prueba de amor a Dios que podemos rendirle es la de levantarnos cada maldito día temprano, ir a trabajar, dar el 110% en la chamba, respetar la dignidad de cada persona que nos topamos, ayudar al que no puede o al que puede poco, salir de la chamba con todos los pendientes del día satisfechos, amar, cuidar y respetar a cada persona que nos sotiene y nos sonríe y, finalmente dormir seguros de que hoy hicimos las cosas bien y por el bien de los demás.

Sin embargo en un retiro espiritual, que sólo sirve para el regocijo de quienes sólo encuentran en la predicación verborréica la tranquilidad de conciencia, me saca del mundo real por tres días. Tres días en los que pude haber sido mucho más útil a la sociedad y a Dios trabajando y haciendo ese esfuerzo extra por ser una persona de beneficios y no de perjuicios.

Perdón, pero me encuentro más productivo junto a los seres humanos sufriendo y ríendo con ellos que encerrado cantando y repitiendo oraciones hasta el hartazgo o dejando a unos cuantos destruir mi autoestima en minutos para luego venderme la única solución: el amor de Jesús. Como yo lo veo, én realidad la única forma de alejarnos del amor de Jesús es hacernos pensar que, no importan cuánto hagamos, no somo dignos de él (como lo hacen en ese tipo de eventos).

Y finalmente, sí, prefiero pasar horas haciendo fila para comprar mis boletos de U2. Eso me hace feliz, me divierte y me hace escaparme un poco de los insignificantes pero tediosos problemas cotidianos. Me da fuerza para seguir otro día actuando y no hablando.

07 febrero, 2006

Voluntades. Tristeza que da fuerza.

Había pensado en comenzar con una frase de duelo. Algo así como "tengo el alma resquebrajada" o algo tal vez menos dramático como "la tristeza se ha apoderado de mi razón". Había pensado ser triste, ser muy triste, pero no puedo.

Eso no significa que no sienta ésta presión en el pecho y ese vacío en el estómago que me provoca la sola idea de perderla. No significa tampoco que no se me encoja todo el interior cada vez que empiezo a maquinar como recuperarla. Significa, simplemente que no quiero dejarme seducir por la tentación de sentarme a contemplar mi tristeza.

El terrible sentimiento está más que presente, pero no lo voy a dejar vencerme. No quiero permitir que para evitar el sufrimiento, mis pies decidan dar la vuelta, salir corriendo y olvidarse de lo verdaderamente importante.

Ella me ha hecho saber, brevemente, lo que puede significar la felicidad. Me ha hecho sentir calor en el alma y confort en el corazón. Me ha hecho sentir esa compulsión, ese instinto de amar, cuidar, proteger siempre a un ser humano.

Ella me hizo también saber como se puede perder tanta felicidad en un instante tan breve.

Respeto es una palabra que me aterra. Respetar sus deseos de estar sola es tanto como tomar mi propio corazón entre mis manos y estrujarlo hasta que se detenga por completo. No puedo hacer tanto, no puedo hacer tan poco. La respeto a ella y sus deseos, pero también respeto su condición de ser humano amoroso y mi deseo honesto de hacerle feliz y despreocupada.

Insisto de nuevo: no voy a sentarme a contemplar mi tristeza. Voy a ponerme de pié, caminar justo al centro del sentimiento y voy a envolverme en él hasta que se convierta en mi impulso y mi capa. Voy a caminar junto a ella y hacia ella, voy a llorar y a sentir ese dolor tan intenso que da fuerza para seguir caminando.

Voy a volver a ocupar mi lugar junto a ella algún día y mucho más firme. Claro tengo su amor hacia mí y clarísimo mi doloroso amor hacia ella.

Hoy, es tristeza. En esa tristeza me trepo, veo hacia donde está ella y me impulso para llegar hasta ahí y abrazarla siempre. La quiero, la quiero como nunca lo había hecho y es verdad.

Hoy no repetiré a Dios "hágase tu voluntad". Hoy, sólo a ella le pido "que sea su voluntad y la mía la que nos den el sueño de construir a cuatro manos".

12 enero, 2006

Risa privada.

No queda opción. Tengo que seguir sonriendo ante la calamidad encarnada. Ni que hacerle. De plano hay quienes no tienen remedio. Nada vale la política, las formas o los consejos. De nada valen tampoco las cervezas, el desmadre o la cooperación plena. No tienen remedio.

Ante eso, lo mejor es sonreír, dejarles ocupar su lugar y seguir el camino con o sin ellos.

No es algo fácil de lograr. A veces los impulsos de mentarle la madre y sentarlo de un golpe son casi incontenibles. Después de explorar muchos métodos para mantener la calma, creo que lo mejor es la risa privada e individual. He aquí, un ejemplo:

Escenario: Fondita de comida mexicana, 11 personas.
Situación: Un absurdo brindis de año nuevo. No pedido, no deseado y, además, tardío.
Elemento calamitoso: Una actitud sonriente, de quien cree es agradable para el resto del mundo cuando nadie deja de fruncir el seño a sus espaldas y tras su presencia.

Dice: ¿Bueno, pues un brindis, no? ¡Feliz año a todos! -y dibuja su sonrisa enmarcada por las inevitables ojeras construidas en años y años de abuso de consumo etílico.

Pienso: ¡Güey, no le caes bien a nadie!, ¡Mejor cállate!

Dice: Que nos vaya bien a todos... y a unos mejor que a otros. -Se ríe, acaba de hacer gala de su vena de comediante.

Casi me carcajeo.

Pienso: Aaaay, que detalle del muchacho... que buen deseeeo... y hasta con un humoooor... uta !.... Yo te deseeeooo.... ah, sí! que te cargue la chingada!

Levanta su botella como esperando que alguien choque la suya con él... nadie. Mi risa es individual, privada y deliciosa.

Ahora sí, es bueno seguir sonríendo.

18 noviembre, 2005

Vuelo Seguro

He aquí mi primer escrito de ficción. El mismo del que toma su nombre éste blog. Creo que tiene sus deficiencias, pero espero sus comentarios.
I

Javier Guillén estaba finalmente viendo la luz al final del túnel. Esa noche, al saborear el último sorbo de cognac que quedaba en su copa, regresaban ecos del día en que levantó orgulloso su brazo derecho, inflamó su pecho y contestó fuerte "Sí, protesto". Era el nuevo Secretario de Seguridad Nacional. Pocos minutos después del protocolo, el Presidente lo invitaba a pasar a su privado y le decía convencido de lo necesario que era retomar el control del país en materia de Seguridad Pública. Las ejecuciones del narco afloraban todos los días en la frontera y en ciudades conflictivas.

"Estoy confiando totalmente en tí Javier, si la gente no ve una mejora sustanciosa y tangible en el tema de seguridad, nos van a perder la confianza y olvídate de que el partido repita el próximo año en las elecciones" decía el presidente Salazar mientras se sentaba en la enorme silla que habían mandado hacer especialmente para él porque la que estaba en el despacho cuando llegó a la residencia oficial no le quedaba muy bien. Siendo un hombre tan alto, necesitaba algo más a proporción.

"No te preocupes Arturo, vamos a sacar la chamba, vas a ver que la vamos a sacar. Además, nunca te he quedado mal, ¿verdad?" Contestó Javier con una sonrisa de oreja a oreja. "No, nunca, nunca y no vayas a empezar ahorita cabrón" terminó el mandatario y reventó en una carcajada.

Ese era un recuerdo preciado para el ahora Secretario. Debía dormir temprano, el día siguiente era un día importante. Quizá uno de los más importantes de su carrera. Iría a uno de los penales más peligrosos del país a terminar con la etapa final del programa de depuración del personal de los Centros de Readaptación Social. Concretamente en el CERESO federal San Luisito se habían fraguado, planeado y facilitado algunas de las ejecuciones más impactantes que se han registrado en la historia de México.

La tarea de correr a los facilitadores del mercado negro en los penales no le había sido fácil al Comandante Guillén. Había recibido innumerables amenazas de muerte; amenazas dirigidas a él, a su familia o a miembros de la organización. El hostigamiento había sido implacable aunque poco serio o creíble. De cualquier forma, tanto Javier como su familia contaban con protección las 24 horas del día. Además, los encargados de la Comunicación del Gobierno Federal habían visto en su trabajo un logro perfecto para gritar a los cuatro vientos, a través de los medios electrónicos, con la esperanza de aumentar la aceptación del presidente. Eso hacía a Javier Guillén un hombre todavía mas odiado por las bandas del crimen organizado internacional alojadas en el país.

Se talló los ojos, cerró la licorera que lo acompañaba y finalmente apagó las luces de su estudio. Se asomó por una de las ventanas que daban a la calle y se aseguró que los elementos de seguridad estuvieran en sus lugares. Caminó por el oscuro pasillo que lo condujo a su recámara para encontrar a su esposa en cama.

- ¿Es absolutamente necesario que vayas mañana, amor?

- ¡Claro! -Respondió entre sorprendido y emocionado-. Susy, en esta cosa de la función pública, realmente son pocas las veces en que uno logra hacer algo que realmente impacte y beneficie a la gente. ¡No puedo dejar pasar este evento!

- Pero el trabajo ya se hizo casi todo, ¿no? Es nada más un acto protocolario, simbólico ¿verdad? -preguntó Susy con un dejo de chantaje.

- Amor, es un acto protocolario en el que le vamos a decir a esos hijos de su … -Javier se contuvo, su mujer no aguantaba las malas palabras, que él tanto disfrutaba. -Les vamos a decir ¡ya estuvo!, ¡por lo menos no van a usar nuestros recursos para hacer sus porquerías por todo el país! Es muy importante que vaya, que me vean y que la prensa cubra el evento. Si no estoy, no sale en las noticias y entonces no sirve.

Javier se quedó pensativo, soñando con López Dóriga mañana en la noche anunciando El Secretario de Seguridad Pública, Javier Guillén anunció la depuración, la depuración total, y le repito TOTAL, de custodios y personal de seguridad en los penales, sí, en los penales de máxima seguridad de México. Salió de su sueño y volvió a ver a Susy que lo miraba fijamente con ojos de misericordia.

- Bueno, ¿y por qué la insistencia amor?

- Pueees... tenemos una invitación mañana a la cena de los Dusolier. Celebran el regreso de su hijo de Boston. Me hubiera gustado ir.

- Híjole Susy, la veo difícil. Además de lo de los CERESOS, vamos a aprovechar para tener algunas reuniones con los del Gobierno local del Estado de México y quien sabe a que hora regresemos. Además, ese Dusolier ya sabes que no me cae muy bien. Se cree cagado por los dioses. La última vez que estuvimos en su casa ya viste lo que pasó. Yo, no, gracias.

- Si, la última vez le tiraste el trago encima de la ropa sin darte cuenta y alegaste que había sido su culpa por caminar cerca de donde tú hablas.

- Por eso digo. Qué vergüenza.

II

Juan Arvizu no tenía vuelos programados para esa mañana. Como todo militar disciplinado, se había levantado a las 5 de la mañana para correr 7 kilómetros en la ciclopista cercana a su casa y ya estaba desayunando en medio de gritos de niños y la voz apacible de su esposa que intentaba poner calma en el espacio que por fin aprovechaba papá para descansar y convivir con la familia.
Poco duró el día franco. El teléfono sonó y llenó los oídos de Juan con la voz del General Feliciano quien le ordenaba reportarse al Helipuerto de la Secretaría de Seguridad Pública a las 10 horas para vuelo.

Las caras de decepción de sus hijos y esposa le partieron el alma. No había nada que hacer. Repartió besos y bendiciones a cada uno de sus niños, besó a su esposa y recibió ahora él la bendición de su flaquita. Tomó sus cosas y salió por la puerta de lámina que acababa de instalar unos días antes.

Las cosas en la base como viciosamente le llamaban al edificio que albergaba la Secretaría estaban como siempre. Juan subió por el elevador hasta el Helipuerto donde se encontró con el mecánico a cargo de la aeronave a su cargo. Hicieron juntos el chequeo de los sistemas de vuelo y navegación, firmaron los papeles de rutina y cada quien a lo suyo.

Juan era un orgulloso piloto de Helicópteros. El Bell 412 que tenía a su cargo era una maravilla. 10 tripulantes, velocidades de crucero superiores a otras naves de su tipo, maniobrabilidad casi ilimitada y sumamente precisa. Era un deleite trabajar en ese animalito.

- ¡Vámonos Juanito! -Javier Guillén, venía acompañado de otras ocho personas que aparentemente también viajarían. Detrás de ellos, el General Feliciano aceleraba el paso y caminaba rápido en dirección a Juanito.

Feliciano se acercó a Juan. Lo apartó del resto de la gente y le dijo en voz muy baja y seria -Arvizu, es muy importante que vuele rápido y preciso hoy. Olvídese de procedimientos. Quiero que lleguen lo más pronto posible.

- Si, señor. -Respondió Juan firme pero desconcertado. Esa era una orden que no había recibido antes y ciertamente poco común.

La verdad es que el General Feliciano tenía razones para estar preocupado. Desde que inició el programa de depuración en los CERESOS, 7 de los 8 funcionarios que abordarían ese helicóptero habían sido amenazados de muerte por diferentes medios y diferentes organizaciones. ¡Son mamadas! dijo Javier Guillén cuando le informaron de esas advertencias. Eso pasa cuando hacemos bien la chamba y estos jodidos sienten que les estamos pisando la cola y cerrándoles las puertas. ¡Pero no nos asustan hombre! Perro que ladra... se chinga! jajaja... Feliciano siempre pensó que su jefe no se tomaba las cosas en serio.

III

Juanito sudaba profusamente. Sudaba miedo, sudaba inseguridad y sudaba los besos de sus hijos. El fabuloso Bell 412 había fallado hoy. Por alguna razón que no alcanzaba a comprender, se había salido de control y hacía su mejor esfuerzo por ganar la batalla contra el armatoste.
Javier Guillén no podía creer lo que veía o, más bien, lo que no veía. La niebla había rodeado al Helicóptero en el que viajaban. Él confiaba mucho en Juanito, su piloto, que era uno de los mejores de México. Eso le habían dicho cuando se lo mandaron de la Fuerza Aérea.
No, ni madres nos caemos. Pinche Juanito nos va a sacar de ésta a huevo. Pensaba Guillén y trataba de convencerse de que todo iba a estar bien. ¡Puta! qué buena anécdota va a ser ésta pa platicar en casa de mi Mamá en Hidalgo el próximo fin de semana. Seguía machacando Javier en su cabeza. Puta ¿ y si de verdad valemos madre aquí? ¡Chingados! Hubiera ido a la pinche cena del mamón Dusolier ese. Comenzaba a preocuparse ahora sí. Puta, cómo da vueltas ésta madre. Ahora si se siente de la chingada.

- ¡¡¡Juanitooooo!!! ¡¡¡Sácanos de esta cabróóóón !!! ¡¡Por favor güey !! ¡¡¡te lo ruegooo !!! ¡Ya, chingados ! ¡¡¡ya sácanos de ésta !!!

El resto de los tripulantes habían desaparecido del interés de Guillén; y del de Juanito. De hecho cada quien solo pensaba en sí mismo y en su propia vida.

- ¡¡¡Juanitoooo!!! ¡¡¡Puta madre cabrón !!! ¡¡¡Esto se siente de la chingadaaa !!! ¡¡Ya para esta madre!! ¡¡¡Por favor guey !!! ¡¡¡Mis hijoooos !!!!

Ese último grito hizo a Juanito pensar en los suyos también. Cerró los ojos. Guillén calló.

IV

Luis Alfonso Dusolier mandaba silencio en la sala de su casa. Como siempre, todo mundo calló inmediatamente al escuchar el chisteo que aventó Don Luis Alfonso al aire.

En el televisor de plasma enorme, símbolo tecnológico de la opulencia Dusolier, el presidente Salazar aparecía consternado y visiblemente afectado.

Hoy, uno de mis mejores amigos y colaboradores perdió la vida. Es una pérdida irreparable para el país y para mi familia...

Dusolier, callado prendía un cigarrillo y se sentaba en la orilla del sofá con los brazos apoyados en sus piernas.

...He girado instrucciones para que la investigación de la muerte de Javier Guillén y los otros ocho pasajeros del Helicóptero de la Secretaría de Seguridad Pública se agote a satisfacción y hasta que aclaremos cada detalle y la circunstancia en que se dió este horrible accidente....

- ¿Como se murió, papá? -preguntó Luisito Dusolier que seguía sentado y con la boca abierta frente al televisor que se reflejaba en sus anteojos.

- ¡Cállate hijo!, estoy ocupado.

...Descanse en paz, Javier Guillén. -Concluyó el presidente con una lágrima que apenas se contenía en la pestaña inferior de su ojo.

Justo al finalizar el mensaje presidencial, el teléfono celular encriptado de Dusolier despertó el estado de asombró del magnate.

- Bueno

- ¿Luis?

- Si Marco, soy yo.

- ¿Viste el mensaje del presidente?

- Si cabrón, realmente está triste el güey, no ?

- Mañana se le quita, vas a ver, con ésto, cada pinche mexicano va a llorar con el pobrecito del presidente van a decir, es que ahora sí estában pisando colas y haciendo las cosas bieen. Así que, Luisitoo, ya no hay de que preocuparse. Con esto, las elecciones están aseguradas y el proyecto de las gaseras va para adelante otros seis añitos. Chingón, ¿no?

-Puees, sí cabrón, creo que sí - Contestó Absorto Dusolier a su "socio".

- Bueno Luisito, la señora ya me habla a cenar. Oye, ahí te encargo el depósito mañana a primera hora pa este cabrón. Acuérdate que si no queda tempranito, luego vamos a ser nosotros los llorados por el pinche Salazar... jajaja Pinche cabrón, ni idea tiene del favorzote que le acabamos de hacer, ¿no?

- No. No lo sabe.

- Hasta mañana, Luis.

- Hasta mañana, Marcos. Buenas noches.

05 noviembre, 2005

El más grande ejemplo del viejo. (Refrito del 7 de Julio)

En el relajamiento posterior a la crisis de mi abuelo, aquí un homenaje a esos días y sus protagonista.
Primero que nada, una disculpa a quienes se quedaron esperando La Guerra de las Salas. Algo extraño sucedió porque me inspiré tooda una mañana en la cafetería del Hospital, envié el texto y solo se publicó el título. La verdad es que he intentado reescribirlo, pero ya no es lo mismo. La Guerra de las Salas terminó y tengo mas alma de reportero que de historiador así que no sé si algún día la pueda reseñar.

Por lo pronto, las buenas noticias: Mi güelo ya está mucho mejor. Después del mayúsculo susto que nos pegamos, hoy está en su cuarto de hospital desayunando machacado con huevo y echándose su flan como colación. En los tiempos de aburrimiento, pide que lo saquen a dar una vuelta al pasillo o toma el control remoto de la televisión y nos martiriza con alguna película vieja que encuentra perdida por ahí.

Aún está debil por la traumatizante operación y los días de inactividad total. Va saliendo de ese mundo irreal que su cerebro tuvo a bien crearle para escaparse mientras lo mantuvieron sedado y dormido.

He regresado a Hermosillo con la enseñanza más grande que me pudo haber dado el Inge. La fuerza que demostró para salir de este episodio es inconmensurable. A sus 86 años, decidió echar a andar su cuerpo otra vez y arrancarse los aparatos cuando todo se veía incierto. Así nada más. En su trance medicado, escuchó la voz de sus hijas, nietas y nieto recordándole que todavía estamos esperándolo para desyunar molletes en Sanborn's o comer un buen cabrito. Con eso, y su increíble determinación, sorprendió a su equipo médico que emocionado comenzó a darle alimento por una sonda como dándole empujoncitos para terminar de animarlo a salir.

De manera exponencial, sus pulmones comenzaron a tomar control y miraban sobre el hombro al aparatejo que se creía muy importante porque con un poco de corriente echa aire. Finalmente, el armatoste se convirtió en el respirador más débil... Adios!.

Su corazón, hizo lo propio y siguió el ejemplo de sus sistema respiratorio. Comenzó a desplazar al balón aquel que bombeaba en su lugar y terminó por tomar de nuevo el control. Regresó por sus bártulos y regresó todo a la normalidad.

Finalmente, lo tuvimos en cuidados intermedios donde su cerebro le seguía jugando malas pasadas y lo situaba en un mundo irreal. No puedo negar la preocupación que esto me provocaba. Su edad es siempre un factor a tomar en cuenta.

Un día, tomamos la iniciativa. En lugar de "seguirle el rollo" con sus afirmaciones, lo comenzamos a situar en la realidad. En sus delirios escapatorios, aseguró estar en algún lugar frente a su casa. Le contestamos en contrario y le comenzamos a decir todo lo que había pasado y el lugar en que se encontraba.

Una cara de sorpresa e ignorancia que nunca había visto en el viejo que desde que yo soy niño, lo sabe todo, nos dijo que estaba ávido de información. Mi tía y yo, felices, se la dimos con detalle y como magia, inmediatamente volvió a la realidad.

A partir de ese momento, comenzó a dar órdenes como siempre. "Hay que pagarle a este y a aquel. Que me traigan otro sillón, quiero café" ¿Cómo decirle que no?.

No puedo terminar de explicar como se me escondía el corazón al verlo vulnerable y haciendo todo el esfuerzo por moverse un poco más y regresar a su vida normal. Lo único que viene a mi mente en esos momentos es la fortuna que tengo de contar con el ejemplo que tengo en él. Con sus manos aún temblorosas y débiles, decidió tomar el vaso de agua y tomarla el mismo, tomar el control remoto de la televisión y cambiarle a placer, tomar los cubiertos y llevarse la comida a la boca él mismo. Nadie tiene porque controlar su vida y el no tiene porque depender de nadie para lo más básico.

Antier nos lo subieron a un cuarto regular. Ahí, quiso que le leyera el periódico y se decepcionó al saber que el PRI ganó en el estado de México y con su voz todavía muy débil, llamó sinvergüenza al abogado que tramita amparos a favor de quienes son detenidos conduciendo bajo la influencia del alcohol en San Pedro, Garza García.

Me hizo llevarlo a dar un paseo por los pasillo del hospital montado en su sillón reclinable y no pude ser más feliz cuando exigió a la enfermera en turno una andadora para comenzar a caminar de nuevo.

En fin, hoy más que nunca, veo a mi abuelo allá arriba donde están los grandes hombres del mundo. Lo veo como el reto que tengo en mi vida. Si llego a ser la mitad de lo que él ha sido, habré llegado mucho más alto que la mayoría.

Fuerza, disciplina y un infinito amor por su familia son lo que lo lleva a pedir tiernamente que le lleven a su nueva bisnieta para conocerla. Ese mismo amor que lo lleva a ordenarme "ya vente a Monterrey hombre! no tienes nada que andar haciendo tan lejos. Tenemos que estar todos juntos!".

Ya regresé a Hermosillo y el camino entero fué un resumen de los muchos momentos de miedo y caos que viví pero que se hicieron minúsculos con las innumerables sonrisas que mi viejo provocó desde los primeros minutos de su nueva conciencia.

Tengo la confianza de que nos va a durar un rato mas todavía. Ese par de "bypasses" que le instalaron no resultaron nada baratos así que sé que por lo menos se quedará el tiempo suficiente para desquitarlos.

Sé que eventualmente, más pronto que tarde, Dios lo va a llamar a casa. Entiendo a Dios... le ha de hacer mucha falta alguien como Meme. Cuando así sea, seguramente vamos a llorar su partida, pero vamos a celebrar la vida del hombre más grande y amoroso que hemos conocido.

Que sirva esto como mi pequeño homenaje al homenaje que él le ha montado a la vida.

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Por cierto... no hubiese sobrevivido este episodio sin la luz de los faroleros que acudieron al llamado. Gracias a todos quienes de alguna manera hicieron sentir su luz y su fé sobre nosotros.

Hubo de todo... amigos nuevos y viejos con inteligentes formas de hacer reír y distraer que rezaron, visitaron, hablaron, escribieron y se preocuparon; donadores de sangre que no dudaron ni un momento en dejarse vaciar por las mujeres hambrientas de hemoglobina; familia presta a ayudar y sacrificarse y, especialmente, una sonrisa que confortó mi alma. Todos, son mi fuerza.

El viaje inócuo al corazón del viejo. (Refrito del 28 de Junio)

Éste texto en partícular es importante para mí. La tentación de la muerte es abrumadora en los más cercanos. Operaban a mi abuelo, de emergencia, del corazón.


El viaje inócuo al corazón del viejo.
Hoy es el quinto día de permanencia en el Christus Muguerza Resort.

El Viernes pasado -para quienes no se enteraron- mi abuelo, Meme, fué sometido a una cirugía a corazón abierto que se hizo necesaria ante el nulo funcionamiento del último dispositivo biónico que se le instaló hace poco mas de un mes.

Volé de urgencia a esta ciudad de Monterrey para estar con mi viejo y mi familia. Lamentablemente, saliendo de una operación exitosa, vinieron las complicaciones. Su presión se vino abajo y por consecuencia su capacidad repiratoria se cayó casi a la nulidad. Los esfuerzos del equipo médico dieron resultados y lograron estabilizarlo a punta de aparatos. Hasta el momento, la vida de mi abuelo pende de un respirador y un aparatín llamado "balón" que básicamente mantiene su presión en niveles aceptables. Artificiales, pero aceptables.

El drama no ha sido poco. Dos veces al día los doctores nos visitan y nos dan un reporte del estado del Ingeniero y de los últimos procedimientos. A veces son noticias de pasos minúsculos y a veces noticias de cero avance. Por lo pronto ya una vez nos han hablado del escenario en que "tenemos que tomar decisiones filosóficas y religiosas". Obvio decir que esa opción nos parece inaceptable pero nos pone de rodillas y nos hace flaquear sin remedio. Por mi parte y siendo el único hombre de la familia (rodeado por mi madre, mi tía, hermana y tres primas) me toca el papel de hombrecito que aguanta y conforta. No soy machín, pero tengo que actuar convincentemente. Ahí la llevo.

Ver a Meme postrado, conectado a hasta al satélite, es una experiencia difìcil. Está despierto y conciente. Lo mantienen intubado y amarrado a al cama de pies y manos. Al vernos, empieza a hacer esfuerzos por pedir que lo liberen de esas prisiones. No poder hacer nada, no poder complacer al viejo que se ha dedicado en vida, cuerpo y alma por complacernos, debilita y quiebra a cualquiera. Eventualmente uno preferiría no entrar y evitar el sufrimiento de verlo de ese modo. Pero para él, esos 30 minutos de visita, son seguramente el único momento del día que le da fuerza para seguir luchando el resto del tiempo.

Al parecer las cosas van mejorando con lentitud y esperamos lo mejor aunque nos preparamos para cualquier escenario. Su estado sigue siendo crítico y así lo asumimos.

A todos, les suplico una oración por la salud de un hombre que ha sido ejemplo, guía y amor para todos en esta familia.

A la gente que ha venido a distraernos un poco, mil gracias. Me han dado las pocas y muy amplias sonrisas de estos días.

J, u rule ! you convinced me: I will.

Seguiré reportando avances. Mañana o por la tarde, espero platicarles de la Guerra de las Salas que fué desatada en este recinto hospitalario.

Buen día a todos.

31 octubre, 2005

Yo conozco a la mujer más inteligente del mundo. (Refrito del 15 de Junio)

Como dijo la Inspiración: "malo manuel malo". No he actualizado el blog. Y como el reclamo popular (por popular entiendase marianto) es ya abrumador, acudo de nuevo a sus ojos aburridos para desahogar una noche terrible de hace días.


Fué lunes para ser mucho más preciso. Teniendo como materia prima en mi ocupación las relaciones sociales, uno conoce gente casi a diario. Si lo pensamos bien, eso puede ser muy arriesgado y así lo comprobé ese día.


Hacía hambrita. Hambrita especial por tacos sonorenses de carne asada. Encontré complicidad para saciar mi antojo en lo que yo pensaba hasta el momento era un ser humano medianamente normal que gusta del periodismo y la comunicación política así que la idea de intercambiar pensamientos en el tema era interesante.


Allá vamos, buscando unos tacos y alguien con quien charlar. No podrán negar que una buena conversación es el mejor aderezo para cualquier alimento. Camino a un famoso restaurant taquero de la ciudad, comenzó el tormento chino al que fuí sometido esa noche.


- Yo sólo me junto con hombres cerebro, debes sentirte afortunado manuelito.
Ese fué uno de los primeros comentarios de la noche. Pensé: "Esta chava es selectiva en sus amistades y seguramente me sobreestima". No pasaba nada.


Llegamos al lugar, pedimos nuestros respectivos empaques y esperamos. La espera se fué haciendo larga mientras escuchaba la cantidad de proezas acumuladas en una sola mente.
Ceja levantada y todo: - Yo sólo puedo ser la mejor en todo lo que hago. Nunca he sido segunda.
"Ok - pensé - ha leído mucho a Miguel Ángel Cornejo". Y comenzó la letanía. Fué campeona en atletismo. "Cuando corro, soy la única en la pista, nadie puede ganarme porque yo soy una bestia compitiendo" Ajá. "Desde chiquita he sido una triunfadora. Mi mamá no sabía que hacer conmigo porque desde que estaba en el kinder me aburrían los dibujitos. Yo leo libros enteros desde los 4 años y medio. Soy además muy agresiva al competir. En soccer, siempre anotaba goles y goles, pero mis compañeras terminaban lastimadas, así que me mandaron a la portería para que no lastimara a nadie. Nunca me metieron un gol" Les juro que no respiraba.


Gracias a Dios, llegaron los tacos y pensé "Por fin! se va a callar la boca un ratito". No pude estar más equivocado. Encontró la forma de mantener ambas actividades compatibles en el mismo espacio de tiempo. Seguimos viajando por su vida de proezas y triunfos inauditos hasta que llegamos al tema del periodismo, actividad que ella abraza. Estudió Licenciatura en Periodismo y, como es de suponerse, fué la número uno de su generación (noten por favor el sarcasmo. No quiero confusiones). Ahí, por primera vez en la noche, tuve oportunidad de enlazar tres palabras juntas mientras se peleaba con un bendito pedazo de grasa en la carne de su taco. - Fíjate que a mí el periodismo me ha dado muchas satisfacciones... - Yo siempre he sido una magnífica escritora. -se acabó mi intervención- He escrito muchísimos reportajes de fondo. Soy una excelente investigadora. Soy la mejor en eso. A mí me piden encontrar lo que sea y lo hago. Tengo un excelente olfato.


Mi mente definitivamente se nubló por la risa. Perdón, pero era demasiada fantasía. Tanta que rayó en la comedia. Inteligentemente, atiné a poner mi mano sobre mi boca, fingir que reprimía gas de mi estómago y dejar salir una leve risa.


Siguió y siguió en su verborrea de mentiras a medias o completas, como sea. Por supuesto, todo condimentado con entonación y actitud dignas de telenovela sobreactuada.
Toda la noche pensé: - En algún momento va a comenter un error y lo voy a disfrutar como nuuunca.


Ese momento llegó. Bendito regalo del cielo.


Yo hablaba de mi gusto por la lectura y sobre todo la relacionada con la historia de México. Por supuesto ella tiene que ser la mejor en el tema, ¿no? Así que acometió: "A mi me apasionan las culturas antiguas. He estudiado a fondo casi todas. La maya, la azteca, la romana, -y aquí vino el primer tropiezo- la india -(rápido... gentilicio de India, el país?) y para cerrar con broche de oro:- y por supuesto la grecia". No la griega, noooo, nunca. La grecia estudió ella.


Pecaré de perfeccionista pero la mejor escritora del continente había resbalado arriba del escenario. De nuevo, mano en boca, leve risa, pero no fué suficiente. -Mira, ¡a ese tipo se le cayó el pepino! -Fué lo único que vino a mi mente para poder pretextar mi abierta y sonora carcajada que había estado reprimida ya por más de una hora.


Llegó la cuenta, pagué y salí rápido de ahí. En el camino de regreso, me aventé el drama que viven a diario las table girls porque ella conoce perfectamente ese mundo. Lo investigó como tan buena periodista que es y sobetodo -pienso yo- porque es un tema super novedoso y nada gastado por las miles de empresas periodísticas del mundo y que ninguno de nosotros (periodistas) hemos tenido que investigar alguna o varias veces para vender periódicos o programas de radio.


También aseguró que ella es una gata porque le gusta jugar con su comida y eso incluye hombres y es tambien un delfín porque es el animal más inteligente de la fauna así como ella que, seguramente, es la más brillante de la especie (a la que sea que ella pertenezca).
Por fin se bajó de mi carro. Tenía que dormirse temprano para poder terminar todos los pendientes antes de irse a Los Angeles dos días después a responder una oferta de Azteca América y abrir otras puertas. Es importante anotar que también es la mejor en Marketing Político y dejó su trabajo como directora de una Agencia de Consultoría en Marketing Político en los Estados Unidos porque su jefe era inferior a ella. La susodicha agencia esta localizada en Nogales, Arizona. Eso es porque supongo que ese pueblo fronterizo es una capital de la materia. Estoy viviendo en la ciudad equivocada. ¡Ahora caigooo!


Se fué, me alejé unos metros y no pude contener más la carcajada. Reí y reí la mitad del camino a mi casa. La otra mitad mantuve mi incredulidad a la existencia de gente como ella.
En fin, mi búsqueda de buena conversación y cena se convirtió en un mal episodio de comedia situacional gringa. De cualquier forma, tengo que agradecerle por la risa y el tema para ell blog. Que lo disfruten.

30 octubre, 2005

Un bocado de mí mismo. (Refrito del 30 de Mayo)

Hoy no tengo nada claridoso que escribir. Mi cabeza está totalmente dañada por el revoltijo de ideas y sentimientos que se me atraviesan y que cambian cada par de minutos. Esta es la quinta vez que comienzo de nuevo este post. Intentaba escribir de lo que se siente ser un solitario. Intentaba vaciar mi ocasional frustración pero no lo logré. Nada parecía hacer sentido.

De pronto me encontré sentado en el sofá de mi sala, libro en mano y sintiéndome increíblemente solo. ¿La soledad viene solo a ratos o se queda? Puede ser una compañera constante que se pierde en el ruido de los tambores de guerra de cada día o una visitante ocasional que disfruta con el vacío que causa en cada uno de sus anfitriones.

De un momento a otro me invadió la envidia. Envidia del personaje de mi libro que sostenía una conversación desafiante y extensa con otro de los personajes de la historia. Se acababan lentamente las bebidas y levantaban la voz de vez en cuando para enfatizar sus argumentos. Precisamente cuando estaba mas concentrado en el texto y escuchaba en mi cabeza perfectamente esa conversación, el murmullo de otros comensales en el lugar y el viento pasando por las rendijas de las ventanas, el silencio de mi departamento me distrajo. Fué especialmente elocuente. ¡¡Un silencio tan estruendoso! La soledad se disfruta mucho, pero llegan momentos en que el exceso de espacio y de aire es asfixiante. No logro saber exactamente como me sentí, pero no fue y no es placentero ni cómodo.

Entonces fué cuando cerré las páginas que hacían de compañía y me senté frente a la pantalla. Me dije que sería interesante escribir sobre mi soledad dominical pero no lo fué. Escribí n par de párrafos y borré. Intentemos un nuevo enfoque, me aconsejé. Nada. Dos Párrafos más y de vuelta al espacio blanco. Junté mis manos y recargué mi cabeza en ellas. Cerré los ojos y empecé a hurgar dentro de mí.

De pronto pensé en lo cálido que sería ver gente pasar de un cuarto a otro llevando platos, ropa o simplemente un grito de reclamo. Pensé en lo reconfortante que sería recibir el olor de cena preparándose en la cocina. Vamos, pensé en lo genial que sería que en este lugar pudiera ver y escuchar más que a mi mismo. La idea de escucharme en voz alta sin parecer un loco dentro de mi propia casa, es añorable.

En ese viaje que hacía dentro de mi, me imaginé al salir de mi casa y subirme al auto. En unos minutos podía estar a la puerta de cualquiera de esas amistades que me han acompañado por años y años y con quienes puedo bajar los hombros y sacar todo en palabras, en llanto o patadas.
Soñé también en poder estar inmediatamente a la puerta de quien mantiene en sus manos mi ilusión y que a veces se antoja tan lejana. Me soñé en el esfuerzo diario de arrancar una sonrisa, un sonrojo o un rechazo; algo.

Me soñé liberado de las cosas que "le enseñan a ser hombrecito" como las cuentas mensuales y los deberes caseros.

Soñé por varios minutos despierto. De nuevo el silencio me despertó, lo ahogué en música y me puse a escribir de nuevo.

En unos minutos más saldré del estadío en el que estoy. Volveré a mi realidad -que casi todo el tiempo disfruto- y me iré a dormir. No espero sorpresas. En la mañana, el silencio va a ser abruptamente roto por el despertador y por los sonidos que yo provoque en la rutina diaria matutina. Me iré a trabajar y cuando regrese por la noche, todo va a estar exactamente como lo dejé. Voy a entretenerme un rato en lo que se me antoje y seguramente pensaré en lo disfrutable que es estar solo. Este sentimiento se habrá esfumado por un tiempo. Probablemente vuelva, normalmente lo hace. Hasta ese día, todo volverá a la normalidad.

A final de cuentas no sé si este sentimiento de soledad viene nada más a ratos o se queda y lo sofocamos con otras cosas y otros ruidos. Lo que creo es que siempre está ahí, esperando a que todo lo demás en mi mente y en mi espíritu se calle porque no quiere interferencias. Cuando logra salir a la superficie es amargo, duele y bastante.

Al final de cuentas, la naturaleza se impone. Los seres humanos no estamos hechos para la soledad. La felicidad es siempre el eco de momentos cortísimos de plenitud. Cuando esos momentos llegan y no hay alguien a un lado para compartir, se convierten en bocados agridulces de uno mismo.

Hoy, me encontré sentado en el sofá de mi sala, libro en mano. Una lectura estimulante me hace sentirme pleno. Cuando levanté mi mirada, emocionado por la historia que leía, me di cuenta de que estaba solo. Ese momento se convirtió en un bocado agridulce de mi mismo, de mi soledad y mis lágrimas.

He venido aquí a pasarlo. Listo. Buenas noches.